18 de agosto de 2008

Así, Keiko Kai, hasta el final.

No es nada más que el ensueño de un niño que se ha perdido. Sus padres finalmente lo encuentran en el corazón de un bosque, feliz y cantando, porque piensa que podrá ser un niño para siempre; y teme que si es descubierto se le obligará a crecer y a convertirse en un hombre, así que al oírlos acercarse, corre más y más y no deja de cantar porque lo único que quiere es seguir siendo un niño. El librito no es más que eso, pero T.Sandys descubrió la manera perfecta de contar esa historia. Desde el momento mismo en que se le ocurrió la idea... supo que esa era la idea para él, su idea.
Rodrigo Fresán - Jardines de Kensington

Personaje que fracasa había anotado J.M Barrie en su cuaderno de notas rondando 1928, época en que se pudo leer por primera vez el manuscrito de Peter Pan, época pre crisis y más pre depresión, y no me estoy refiriendo solamente a la crisis materialista y a la Gran Depresión mucho más espiritual. Peter Pan dio tanta magia que inició una irreversible introspección que hizo tomar conciencia de la imposibilidad de volver a trepar los árboles de un bosque que hoy son un claro-oscuro en el cielo de la vida.
Empieza la bicicleta de Jim Yang, porque Jim tenía una bicicleta y yo siempre quise poder andar bien en bicicleta, o tener una espeie de máquina del tiempo, y hacer como él que empieza a pedalear a los rincones más visibles pero camuflados. No hace memoria, porque no es necesario, porque ayer parece hoy y se acuerda de millones de momentos en un segundo, siempre es un segundo de referencia. Quizá la vieja terminal de tren en dónde un niño victoriano aprendió a andar en bicicleta se haya transfigurado en la terminal de Cutcsa en la espalanada de Kibón, que hoy ni siquiera se llama así, en dónde intentaba con mi papá hacer mis primeras incursiones sin rueditas. Como sea, hecho que demuestra que la niñez sobrevive a las épocas.
Un niño es un niño y punto. Un niño es un sobreviente y punto. Y todos los niños sueñan con Kensington Gardens, porque en los sueños la Plaza de Deportes Municipal está muy cerca de eso, porque eso dura un ratito cuando queremos que dure para siempre. Y puede durar para siempre si somos como ese niño que no crece. Así vamos haciendo balances un tanto en vano porque todavía no es hora, porque Barrie había jurado "No creceré".

Entonces Fresán tiene el honor y la capacidad de narrar sobre la literatura infantil: "Son libros para ser leídos por el escritor más primitivo y posiblemente, más apasionado. Un lector al que nada le importa la vida del escritor o las señas particulares del estilo. Es un lector puro, pero no es necesariamente un lector inocente." Entonces comprendo la importancia de esta literatura más alternativa que clásica, y me veo, a mí tiempo leyendo y desmintiendo la frase "A mí no me gusta leer." Entonces pienso, que si algunos sucesos y sus magnitudes son dependientes del tiempo, esa frase ciertamente lo es.

Sin saberlo, "yo viví mucho tiempo entre las hadas de Kensington Gardens... La mayoría de ellas han muerto. Verás, Wendy, cuando el primer bebé rió por primera vez, su risa se quebró en miles de pedacitos que se esparcieron por todas partes y de allí surgieron las hadas. Y ahora cada vez que llega al mundo un nuevo bebé, su risa se convierte en un hada; por lo qué, se supone debería existir un hada por cada niño o niña en el mundo... El problema es que ahora los niños y las niñas saben demasiadas cosas demasiado pronto y han ido dejando de creer en las hadas; así, cada vez que uno de ellos dice "No creo en las hadas", un hada cae muerta. "

Miro a Peter y me dice que me lleve algo para siempre, pero solo una cosa, encima sin saber de dónde. No busco demasiado, no hace falta, si lo hago es por inercia y porque si doy la sensación de buscar mucho termino o empiezo, mejor empiezo ya que nunca termino, por darle más importancia a eso. Eso es el cuento del pececito Raulito. Me lo llevé porque lo encontré no sé en que parte aunque sí se de que lugar.
Por lo pronto espero nunca interrumpir los sueños de mis hijos cuando duerman. Y de despedirme, será con un Pequeño Manual de Etiqueta Funeraria (R. Fresán - La Velocidad de las cosas), y esto será parte de aquello. O no será.
"Nunca te gustó leer. Nunca te gusté. Nunca nos parecimos demasiado." Pero algo será.

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