16 de mayo de 2009

Ni a la esquina

No sé si tengo mal el termostato o todos creemos en cosas guíadas por los comportamientos del nadie entiende.
Llega el frío y me estremezco, porque lo que antes costaba un huevo, ahora cuesta dos. Si, como en el supermercado lo que antes costaba cinco ahora cuesta ocho o diez.
Para mí la una de la mañana ya es tarde y dar un mal paso es igual a brújula sin respuesto, y no es que no se consiga por estar en Uruguay, no se consigue porque no hay más en ninguna parte del mundo.
Puedo leer a semejantes en superioridad con mi olor a pata de medias violetas que encontré ayer -porque algo tienen, algo hicieron para alcanzarla-, puedo pensar que no todo está tan perdido y relatar como la pereza no le gana a la tranquilidad, aunque sea mentira.

Creo que voy a probar con un yogur porque este sábado va por el primer cuarto y ya no da para más. Si tan sólo cada cuarto fuera un helado y cada habitación no estuviese tan fríamente viciada.

Ah, lo que si, me sigo despatarrando cada vez que leo el Diario de como abandonar la tierra (gracias saxofonista de Sumo):
Hoy, el reggae es para muchos nada más que una música de fondo que no molesta y crea un clima de "buena onda", como un rivotril.

1 comentario:

Joaco dijo...

Que frase que metió Petinatto. Digna de él.

Te quiero!

mua